LA RUTA DEL VIÑEDO

Alfonso Chadwick dedicó su vida a sus dos pasiones: el vino y el polo. Había crecido amando los caballos y el campo. Era, además, un competidor intrépido, y muy pronto llegó a amar el exigente deporte del polo, en el que comenzó a destacar.

En 1942, Don Alfonso Chadwick había comprado el fundo Viña San José de Tocornal, situado en Puente Alto, en las afueras rurales de Santiago. Fue allí donde Don Alfonso levantó su casa y su cancha de polo. El fundo comprendía 300 hectáreas, 216 de ellas plantadas con viñedos. Para la familia era del todo claro que ese lugar poseía un terroir excepcional, sobre todo para sus vinos tintos. Administrado por Don Alfonso con gran pasión durante más de 20 años, es este viñedo – con una historia que se remonta a la década de 1880 – el que dio origen a la denominación de origen más codiciada de Chile para los grandes Cabernet Sauvignon: D.O. Puente Alto.

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En paralelo a sus emprendimientos vitivinícolas, la pasión de Alfonso por el polo fue tal que trazó su propia cancha y levantó caballerizas en el fundo familiar de Puente Alto, donde practicaba a diario. Con esa disciplina y esa dedicación a lo largo de su carrera, llevó a su equipo a ganar diecinueve Campeonatos Abiertos, apenas uno por debajo del récord mundial Guinness.

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Su Alteza Real el Príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en un partido amistoso con Alfonso y sus amigos en 1968.

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Tras las reformas agrarias dispuestas por el gobierno, que comenzaron en 1962, Don Alfonso vendió la mayor parte de las tierras. En consecuencia, el fundo se subdividió entre varios compradores, pero la familia logró conservar su casa y veinticinco hectáreas clave de terreno, entre ellas la cancha de polo de Don Alfonso.

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Un plano de 1953 del fundo Viña San José de Tocornal, posterior a su compra por Alfonso Chadwick. La sección coloreada del plano corresponde al viñedo actual.

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A principios de la década de 1990, Eduardo había tomado de manos de su padre el control del negocio del vino. Para entonces, Alfonso también había dejado de jugar polo. Fue por eso en ese momento cuando Eduardo se acercó a su padre y le propuso plantar vides en su preciada cancha de polo, con el fin de elaborar un vino sobresaliente, de la más alta calidad. Alfonso comprendió la lógica de la propuesta y compartía la convicción de Eduardo en el potencial del terroir histórico del fundo. Y así, dio su consentimiento de buen grado.

En 1992 se plantó con esmero un viñedo de 15 hectáreas de límites precisos, con vides obtenidas por selección masal a partir de las mejores uvas Cabernet Sauvignon de los viñedos de la familia. Un año más tarde, Don Alfonso falleció, de modo que nunca vio ni probó el vino terminado que lleva su nombre. Por esa razón su hijo Eduardo puso tanta pasión en su empeño por honrar el legado de su padre a través de este vino. Más que ninguna otra cosa, Eduardo y su familia buscaron crear y labrar la máxima expresión de este viñedo, como tributo permanente a la pasión de Don Alfonso por el vino y a su búsqueda constante de la excelencia.

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